80 pistas crean una zona de grandísima diversidad, desde las pendientes más empinadas y desafiantes hasta recorridos plácidos para los que se inician. A las principales poblaciones –como Pettneu am Arlberg, Schnann, Flirsch, Strengen y St. Christoph–se accede en tren o coche desde los aeropuertos de Friedrichshafen, Innsbruck y Zürich, principalmente. Pero en esa área sobresale St. Anton. Situada a 1.300 metros sobre el nivel del mar, junto al río Rosanna, es lugar de reunión de los grandes deportistas y esquiadores provenientes de todo el mundo. Entre los 460 kms esquiables, hay un 22% de pistas negras, un 42% de pistas rojas y un 36% de pistas para principiantes. Los más expertos pueden disfrutar de pistas de dificultad extraordinaria en las que es indispensable ir acompañados de un guía, como es el caso de Schindlerkar, Mattun, Valluga (a 2,811 mts) o Zürs.
El nexo de Sant Anton con el esquí es tan antiguo como este deporte alpino. El desarrollo internacional que en la primera mitad del siglo XX vino impulsado por los numerosos monitores que, en los años 30, partieron de ahí hacia Estados Unidos. En el año 2001, el campeonato del mundo de esquí alpino se celebra en esta pequeña localidad.
Las zonas para esquí de fondo, las pistas para patinaje sobre hielo, los paseos en trineo, las caminatas alpinas, la escalada y los vuelos en parapente con vistas realmente impresionantes son las alternativas para disfrutar durante el día. Y, aunque no pueda ser el principal reclamo promocional de St Anton, su après-ski es muy completo, con gran variedad de propuestas de lugares de reunión, bares y experiencias gastronómicas.
Entre los mejores hoteles, se encuentran dos de cinco estrellas: El Arlberg Hospiz Hotel, en St. Christoph, un antiguo hospicio de 1386 remodelado en los años 60 y el Hotel Aurelio Lech, el resort más moderno de la zona. La gastronomía local es una mezcla de las cocinas del imperio Austrohúngaro, con influencias checas, húngara, judías, bávara e italiana. Los restaurantes más recomendables son Hospiz Alm –el restaurante del hotel Schwarzer Adler–, el restaurant Maximilian –con cocina típicamente austríaca–, Senn Hutte y el Museum Restaurant. Otros buenos puntos de reunión para el après-ski son Mooserwirt, Krazy Kanguruh, Anton y Rodel Hutte.
Fotografía: Josef Mallaun
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