El primer cuidado es evitar el riego de dañar el movimiento. Así, por ejemplo, los ajustes no deben realizarse cuando el reloj señala una hora entre las nueve y las tres, especialmente si incorpora varias complicaciones. El ajuste de hora no debe realizarse nunca en sentido contrario. Es importante que los ajustes y la carga se hagan con el reloj en la mano y no en la muñeca para evitar que se doble la tija –la pieza que conecta la corona con el sistema de remonte–. En todo caso, es conveniente leer las instrucciones de funcionamiento del reloj con detenimiento antes de realizar los primeros ajustes. No todos los relojes funcionan igual.
El deporte es un enemigo de los relojes. Aunque los niveles de resistencia a los golpes y la estanqueidad se han incrementado notablemente en las últimas décadas, las averías siguen produciéndose. El agua salada corroe los metales, por ello, después de un baño en el mar, es importante enjuagar el reloj con agua corriente y secarlo con un paño no abrasivo. A pesar de que el reloj indique que es sumergible –incluso aunque fuese capaz de soportar altas presiones bajo el mar– es preferible no hundirlo innecesariamente en el agua ya que podría haber perdido las propiedades herméticas originales al haberse resecado las juntas. En todo caso, antes de la inmersión importante asegurarse que la corona ha sido perfectamente enroscada. La humedad puede penetrar en un reloj sin necesidad de sumergirlo en el agua. Un reloj puede estropearse igualmente en una sauna o cocinando. Ante los primeros síntomas de que el agua ha penetrado, conviene llevarlo al taller.
El otro gran enemigo de los relojes son las ondas electromagnéticas. Científicos, ingenieros, aviadores o médicos pueden estar sometidos a fuertes campos magnéticos, pero con la generalización de la energía eléctrica, la radio, la televisión, la informática, el desarrollo de las telecomunicaciones y los sistemas de seguridad, la exposición magnética puede afectar a todos. El inconveniente surge cuando esta exposición termina por imantar componentes del reloj –como el volante, el espiral, y el escape– provocando importantes adelantos o retrasos. La solución es no es otra que devolver el reloj al relojero para que lo desmonte y lo pase por el desimantador. Algunos relojes han sido especialmente diseñados para soportar la exposición a campos magnéticos de altos amperios. No obstante, ningún reloj es capaz de soportar las demostraciones hechas por su propietario del escaso efecto que tiene un imán al acercarse. Las consecuencias negativas de esta comprobación en el funcionamiento y precisión del reloj no tienen porque ser instantáneamente visibles.
Es conveniente que un reloj se cargue todos los días. Lo más adecuado, en el caso de los relojes de carga manual, es darles cuerda a la misma hora antes de ponerse el reloj, y nunca con el reloj en la muñeca. Si dispone de varios relojes automáticos que no puede usar a diario, lo más recomendable es que adquiera un rotor de remontaje, que reproduce el movimiento de la muñeca manteniendo el reloj en constante carga. Una de las ventajas de mantener los barriletes siempre cargados es que se evita tener que realizar ajustes. La otra ventaja es la de mantener permanentemente una lubricación adecuada de todas las piezas.
Las manufacturas indican la periodicidad con la que debe someterse un reloj a revisión y que varía según el modelo, entre tres y cinco años. Una revisión correcta supone el desmontaje del reloj, la limpieza y el control de sus componentes, la lubricación de los puntos de fricción, el control del ajuste, la sustitución de las juntas de estanqueidad y el pulido para dar al reloj su brillo original. Aunque suponga sufragar un coste superior, es muy conveniente que la revisión sea realizada por el taller del fabricante del reloj. Hay que tener presente que la hermeticidad de un reloj sólo puede garantizarse mediante una rápida revisión de las juntas cada año.